Carta utópica de una joven mexicana

“Aquí Seguimos” por Roger Peet

A sólo unos cuantos días de la elección presidencial, la frustración y fobia al pasado empiezan a invadir mi mente. Este es un mensaje, inevitablemente bañado de un poco de utopía y romanticismo social, para todos aquellos que creen que nuestros mayores opresores son los que nos van a liberar. 

Yo estoy a favor de la tolerancia y el respeto; sin embargo, es inconcebible para mí entender los argumentos que ponen a Enrique Peña Nieto como la mejor opción. Cierto, nuestras cuatro alternativas son pobres, pero regresar al pasado no debería de ser una opción. Es incomprensible ver a un pueblo que olvida lo que ha sufrido y lo que sigue sufriendo.

Comprendo el miedo al cambio y al riesgo. Así mismo, he tratado de entender ese deseo de muchos padres de familia de querer un mejor futuro para sus hijos y creen que el PRI puede restaurar el ‘orden’ que tuvimos antes del PAN. No olvidemos que la sangre no empezó a derramarse el 1 de Diciembre del 2006.

¿Pero acaso no nos hemos dado cuenta que ese orden nunca existió? Esa dictadura ‘silenciosa’ -esos 71 años de autoritarismo y engaño- no se puede llamar estabilidad cuando esta teñida de abusos, opresión e impunidad. ¿Acaso seguimos pensando que aquellos estudiantes del 68 no eran más que unos ‘revoltosos’ y por eso merecían ser masacrados? ¿Acaso seguimos creyendo que los Zapatistas no son más que unos ‘pobres indígenas rebeldes’ demandando una transformación social innecesaria para el país? Y más recientemente, ¿acaso seguimos negando que los de Atenco no representan el sentir de miles de mexicanos? ¿Acaso no se han dado cuenta que nosotros los jóvenes no queremos el futuro que ustedes quieren para nosotros?

Gane quien gane, la transformación de nuestro país no se va a poder detener. Estamos cansados del cinismo, del descaro y de la falta de respeto hacia nuestras personas. Nosotros somos dignos de un país donde debería haber oportunidades para crear y crecer, donde la gente no tuviera que cruzar desiertos ni dejar a su familia para poder sobrevivir, donde las comunidades indígenas tengan derecho a la tierra y autonomía, donde todos los mexicanos tengamos acceso a la salud, educación y cultura.

En nuestro México, la vida debe valer más que los tratados de libre comercio y el narcotráfico. En nuestro México, no queremos 60,000 cadáveres, sino 60,000 seres humanos que cuestionan, reflexionan, actúan, y sienten.

Somos hijos de la corrupción y del silencio, y por eso, estamos conscientes que como jóvenes en este país somos los encargados de generar el cambio. Sin embargo, sabemos que no podemos lograrlos solos porque eso sería restar en lugar de sumar. Les pedimos a ustedes que nos apoyen razonando su voto y principalmente que eviten el voto del miedo. Nosotros estamos listos y decididos a cambiar el rumbo del país. ¿Y ustedes?