Entre el delirio y la diarrea

Delirio

Son como pequeñas bofetadas de aire que acarician mi cuerpo y golpean lo poco que queda dentro de mí, todo se ha pudrido e ido. Solía ser la mierda que ellos me dieron diariamente, era esa dosis perfectamente preparada para encarrilarme y matarme lentamente hasta que la muerte final llegara. La muerte era el único destino garantizado y yo no era más que un caballo con anteojeras galopando en la pista.

Al ser incapaces de ver nuestro propio sufrimiento, no podíamos discernir entre lo natural y lo humano. Ya nada era como debió ser. Girábamos en la ruleta que nosotros creíamos que habíamos virado, vomitando en pequeñas dosis lo que nos habían dado. Al final, nos recuperábamos. No había de otra. No hay de otra.

Me bajé de la ruleta al ver que yo ya no giraba con ella. Respiré, y al voltear, vi que tú ya no estabas a mi lado. Debí haber sabido que mi agonía era lo que nos unía, pero en mi delirio creí que tú y yo íbamos a girar algún día en nuestra propia ruleta.